lunes, 1 de noviembre de 2010

A la muerte de Fernando Garavito / Homenaje


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Mi amigo, el poeta León Gil, me ha enviado este texto dolido y solidario ante la noticia infortunada que se conoció en el país la semana pasada: la muerte trágica del poeta, escritor y periodista Fernando Garavito (Colombia, 1944-Estados Unidos, 2010). Comparto aquí como sentido homenaje a este compatriota nuestro, sus palabras, y el poema que de él nos envía:

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Acabo de enterarme de la muerte del escritor y poeta bogotano Fernando Garavito, ocurrida en un accidente de tránsito éste 28 de octubre en el estado Nuevo México de Estados Unidos, país donde se había exiliado desde comienzo de 2000 por amenazas en su contra. Es una muerte que lamento; no sólo por lo que representó para el periodismo y la literatura, sino porque con gran pena deberé borrar de mis contactos a una persona que siempre tenía palabras amables para los textos que por este medio le compartía.

Como un sencillo homenaje a su memoria, anexo un poema suyo dedicado a las vacas, junto con otro dedicado a las mismas “artistas”, del excelente poeta de Guyana, John Agard; con quien tuve el honor de compartir mesa de lectura en el último Festival Internacional de poesía de Medellín. Asimismo, adjunto un archivo con una selección de artículos de este hombre honorable, valiente y lúcido, a quien la parapolítica del último gobierno condenó a vivir lejos de su tierra, de sus amigos y de los suyos.

Buen día.

León Gil

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LAS VACAS

Por Fernando Garavito

Una vaca no es sólo un animal de cuatro patas y con cuernos:
yo creo que ella es la obra maestra de la naturaleza.
Cuando en su potrero se dedica a mirar silenciosamente el horizonte
la vaca es una poesía que come pasto y piensa.
Así deberían ser todas las poesías que se escriban.
Comer pasto y pensar, bien puede ser el secreto ideal del género humano,
sólo que entre nosotros las cosas se dan de otra manera:
las poesías se escriben para plantear temas trascendentales,
pero, pregunto yo, ¿qué puede ser más interesante que una vaca, con sus gruesos labios verdes y su cola,
hecha a propósito para espantar moscas y sacudir la modorra de las tardes de invierno?
En estas, cuando todos queremos sentarnos frente a la chimenea a hablar de lo que hubiera podido ser si tal cosa o tal otra
o a oír cómo crepita el fuego mientras forma derrumbes de catedrales y ciudades
que consume con una voracidad implacable y sin tregua
(derrumbes a los que asistimos con el sorprendido secreto encanto
de quienes hubieran querido participar en esas demoliciones),
comprendemos de pronto por qué las vacas no son memorialistas ni filósofos,
sino unos simples paréntesis de blanco y negro en los brillantes colores del paisaje.
Lo más encantador de las vacas es que sencillamente sean vacas, sin pretender nada más.
¿Para qué quisieran ser hombres o caballos,
o inclusive empleados de ferrocarril que llevan de un lado a otro sus
gusanos de luz noche tras noche,
mientras exigen los tiquetes y los perforan con sus precisos ruidos
metálicos,
que nos separan de lo que amamos y nos impiden volver cuantas veces quisiéramos, donde quisiéramos,
para estar con quien nos gusta estar porque nos gusta?
Entre tanto las vacas pertenecen a sus potreros
y nada las agita ni las saca de su parsimonia.
Ellas se inventaron la auténtica sabiduría del silencio.
Cuando las llevan al abrevadero o las cruzan con los sementales
no están obligadas a mostrar ningún entusiasmo,
simplemente van porque no tenían nada mejor qué hacer en ese momento
y mientras los toros se agitan sobre ellas en estertores ridículos,
continúan con su distendido cuello mustio debajo de las orejas
hasta que, cuando todo termina, se limitan a sacudirse la molestia con un trotecito.
Ah, pensar en las vacas es sentirse un poco como ellas,
sentir que uno nació para algo muy distinto que para convertirse en bife,
pero es triste estar irremediablemente hecho de trozos que terminarán por distribuirse en platos de restaurante
y que se dejarán al fuego según el gusto de los señores comensales que es siempre distinto,
de tal manera que algunos piden su porción término medio y otros un cuarto y otros bien asada,
y, mientras esperan, sienten una cierta ansiedad en la saliva y en el
vientre.
Pero no se trata de utilizar a la vaca como una herramienta para pensar.
Se trata de llegar a tener pensamientos de vaca sin llegar a ser vaca,
lo cual no es difícil porque ellas sólo piensan en el pienso,
pensamiento en el que algunos las pondrían en el peligro de ubicarlas al comienzo de una nueva gramática.
Las vacas, supongo, son seres sin ortografía ni melindres.
Van por el camino dejando sus bostas donde menos se espera,
sin necesidad de detener al rebaño para un oficio tan secundario,
que a ellas las deja indiferentes aunque, para qué negarlo, levemente satisfechas y descansadas.
Las vacas son pésimas para subir escaleras y para avisar que están perdidas.
De ahí que los cencerros suenen con esa tristeza encerrada
en la que muchos seres urbanos creen ver cierta poesía de las cosas del campo.
Cuando a las seis de la tarde vuelven a los establos
después de un día de agruparse debajo de los árboles, fuera de los
sembrados,
a las vacas lo que menos les interesa es perderse de la sal que las espera en la batea común bajo las lámparas de kerosene.
Es entonces cuando recogen las experiencias de la jornada,
que las van preparando para saber en qué momento les llegará la hora de tenderse,
si quieren evitar que el porrazo de la muerte sea tan estruendoso
que sobresalte el sosegado rumiar de las demás y las distraiga de su oficio
de hacer el horizonte a punta de miradas.

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LENGUAJE VACUNO

Por John agard


Date un paseo por los esplendidos campos matinales
del verano
Fíjate en las vacas en el pleno esplendor
de su cuero blanco y negro

Y recuerdo que hubo un hombre que dijo una vez yo
tengo un sueño
pero un día lo abalearon a sangre fría porque tenía un sueño elevado
de blanco y negro tomados de la mano

Camina hacia los espléndidos campos matinales del
verano

mira a las vacas en el verdor de la meditación
una horda de armonía blanca y negra
Tal vez las vacas intentan decirnos algo

pero nosotros carniceros humanos no podemos
comprender
el lenguaje vacuno
mucho menos su vacuno silencio
para interpretar el vacuno silencio hay que recurrir a
un poeta no a carniceros ni políticos

las vacas en la gloria entretejida
de su cuero blanco y negro
tienen su propia historia misteriosa
las vacas en su gloria entretejida de su cuero blanco y

negro
nunca supieron del apartheid
nunca practicaron el genocidio
nunca parecen preocupadas
que la hierba sea más verde del otro lado
las vacas calmadamente se casan entre ellas


las vacas en su gloria entretejida
de su cuero blanco y negro
las vacas en su gloria entretejida
de la integracion del blanco y negro
no pueden deletrear integracion
las vacas nuncafueron a la escuela
por eso es que las vacas son tan relajadas tan super
relajadas
y sobretodo las vacas nunca le imponen

su lengua
a otras naciones


¿Muges mi mensaje, lo muges?

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2 comentarios:

  1. me adhiero a este homenaje y todos los homenajes que vendrán... buenísimo, Ro

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